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Primeros patrones

A través de los descubrimientos de la semana pasada, la pretensión de trabajar con esos tejidos me llevó a trabajar con el patronaje tal cual la moda muestra. Es decir, los ejemplos realizados en clase de patronaje me sirvieron para utilizar la técnica igual.

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Así, empecé con un patronaje pequeño (a escala) de lo que sería una de las rocas de la playa. De esta manera, podría manejar más fácilmente las formas y características de las rocas de la zona. Identifiqué una serie de líneas estructurales que  me ayudarían con la fijación de la tela y el trabajar con menor escala, la dimensión de la tela permitía trabajar mejor.

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De este experimento obtuve el siguiente patrón en el que se puede identificar perfectamente los dobleces realizados, también con el fin de establecer bien la forma de la roca.

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Una vez realizado éste patrón a escala, decidí trasladarme a la playa con el fin de aumentar la escala.

En este caso, la fijación de las guías estructurales no fue posible porque las guías no se podían sujetar (en la pequeña se podían sujetar ya que sus dimensiones permitían rodearla y sujetarse con ellas mismas). Por lo tanto los puntos de sujeción para la determinación del patrón debían ser las propias grietas de la roca o, si se trataba de una de las cubiertas con algas, podíamos utilizarlas y enganchar en ellas los alfileres.

Si en el primer caso me permití la realización de más dobleces, a una escala mayor preferí usar los menos posibles para evitar líos con la tela. Además, al conseguir un patrón más “limpio” (en términos de costuras) decidí marcar las líneas que sobresalían de la roca como medio para no sólo definirla y entenderla, si no también como experimentación para el posterior desarrollo de técnicas como la de patchwork.

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Repertorio 2.0

Pese a la incertidumbre  con la que me encontraba la semana pasada, decidí volver a la playa para ampliar mi repertorio.

Los conocimientos adquiridos esta semana son sobre todo resultado de la observación de lo que me encontré en la playa. El temporal que se había dado estos días, había ayudado a la creación de piezas muy interesantes que comentaré a continuación.

Inicialmente fui con la intención de estudiar las deposiciones de las algas y su capacidad de compactación.

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Era interesante observar, en las partes de la orilla, cómo esa compactación estaba en proceso y al pisar salían las burbujas de aire aún existentes.
Sin embargo, vi una pieza que no había visto hasta ahora y que me interesó más:

El temporal había arrastrado mucha basura y el proceso de formación de las bolas de posidonia se había realizado en textiles desechados.

Se formaban tipologías más compactas y otras más parecidas a las bolas, resultantes de la consistencia del textil base: los más débilies se podían deshacer más y por lo tanto, con el movimiento del mar, formaban geometrías más redondeadas, mientras aquellos más fuertes conservaban más su morfología inicial.

Por ejemplo, un calcetín:

O incluso un salvaslip:

Dependiendo de la forma, del material y del “punto” del textil, se creaban unas formas u otras.

Así pues decidí intentar recrear ese proceso y, aunque la escala temporal fue muy pequeña en mi caso, se pudieron ver algunos resultados.

En este calcetín que dejé yo en la playa se nota las distintas sedimentaciones dependiendo de la zona del calcetín (dependiendo de la forma del tejido en las distintas partes de él).

O en estos ejemplos en los que utilicé toallitas íntimas y posicionándolas en distintas secciones conseguía estas diferencias.

Aún así, pese a que este hilo de investigación resultó el más interesante, también realicé prubeas con las propias bolas y traté de retomar mis ideas del trasductor.

Realicé distintos tipos de uniones, recubrimiento de las bolas, mini trasductores, refuerzos… Con el fin de que “las bolas me hablaran” y me “contaran” que pueden y que no pueden hacer.

Los mini trasductors y los híbridos no funcionaron como yo pensaba y de hecho se me acabaron perdiendo en el experimento.

También realicé pruebas de impermeabilización de ese material que conformaba las bolas. Creando superficies más planas, probé a juntarlas y cubrirlas con cera, jugando así con su porosidad y observando las distintas texturas y sensaciones que podía conseguir.

 

Y finalmente, tuve la suerte de encontrarme una posidonia entera arrastrada hasta la orilla por el temporal y extraer buenas algas para plantear con ellas  mallas que jugaran también con las transparencias y colores.

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Repertorio

Para la ampliación del repertorio estas semanas partía de una intervención donde una de las ideas fue la de crear una esfera en la que poder introducirse y aislarse gracias a las algas. Así, decidí rescatar esa idea y ampliar mi repertorio para poder materializarla.

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Había dos caminos claros de investigación: la estructura y las algas como cerramiento (bien es verdad que el segundo dependía del primero pero que a su vez, lo influenciaría).

Primero la estructura:

Partiendo de experiencias pasadas, sabía que la estructura tenía que estar diseñada como una especie de malla para poder soportar la solución de las algas. Investigué sobre posibles estructuras y encontré ejemplos como este o este, ambos pabellones efímeros realizados a base de entramados complejos. A partir de este diseño decidí probar con una técnica sencilla, a nivel de básico, con cuerda y cola para rigidizar.

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También encontré otro tipo de ejemplos con otro tipo de estructuras que conseguían la misma forma a través de una malla más organizada basada en nervios principales como puede ser ésta, o incluso ésta de un mueble. Para investigar esta posible solución, utilicé otro material (madera) con el fin también de acercarme un poco más a posibles resoluciones constructivas. En este caso profundicé un poco más en la técnica ya que aprendí como poder tratarla para moldearla.

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Y por último, rescaté una investigación que había realizado una de mis compañeras de carrena años antes sobre el mimbre, transmitiéndome así una experiencia que ella ya había desarrollado y si bien no es una experta profesional con el mimbre, si que me proporcionó un camino mñas de investigación.

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Una vez experimentado con la estructura, pasé a las algas.

El estudio fue tremendamente complicado aquí. Existen muchos ejemplos de introducción de las algas en la arquitectura, sin embargo, ninguno de ellos resolvía las necesidades de mi imagen final. Sin embargo destacaré dos aplicaciones que puede que retome en el futuro: una es el trabajo con las bolas de posidonia que se forman en la playa para la creación de obras de arte, y la otra es la utilización de sacos de algas para el cerramiento de una casa.

Finalmente, investigué dos vías: el trenzado y el método compacto.

El trenzado ya lo habíamos intentado en la intravención, sin embargo, la escala no ayudó. Por eso, con la esperanza de que una escala menor me ayudara, intenté realizar el trenzado en la malla más compleja.

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Sin embargo, el resultado fue el mismo que en la intravención: fallido.

Y luego intenté a través de la arena, darle más adherencia y compactación y cree una especie de ladrillo de arena y algas.

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El resultado fue el mismo: un fracaso. El asiento era inevitable por presionado que estuviera.

En clonclusión, pese a que la experimentación con la estructura fuera mejor, por el lado de las algas no fue muy productiva y, puesto que el interés general estaba en cómo utilizar las algas, para la realización de este objeto queda mucho camino por andar.

Aún así, los resultados de la investigación con las algas ofrecieron resultados a tener en cuenta como las concavidades, la sustentación, etc.

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Intravención. Habitando la cueva.

La aventura que habíamos empezado Adrián, Marta y yo la semana pasada con la intravención, continuo esta semana de manera más improvisada.
Tras los comentarios realizados en clase, nos dimos cuenta de que nos faltaba desarrollar la intencionalidad del proyecto de Marta ya que, mejor o peor desarrollado, las intenciones tanto de Adrián como las mías estaban presentes.

De ahí que nos replantearamos el diseño y sobre todo: cómo habitar la sección. El proceso creativo de esta semana fue más errático que el de la semana anterior: planteamos tanto disminuir la escala y multiplicar, como aumentar la escala de manera descomunal. Aún así, vistas varias de las referencias y teniendo en cuenta las sugerencias de nuestros compañeros planteamos una primera idea consistente en un laberinto creado gracias a la red que habíamos utilizado la semana anterior y que derivaba en una especie de cápsula de algas en la que pudieras encontrar tu refugio en la cueva que genera la sección. En ella se podrían focalizar los sonidos mejor y desarrollar la investigación del sonido.

Si bien es verdad que fuimos convencidos de la imagen final, cuando empezamos a construir nos dimos cuenta de los problemas constructivos que nos generaba el entorno: los anclajes. Con el instrumental que disponíamos, la idea principal se vino al traste; careciendo de anclajes nos era imposible ejecutar ese laberinto (mucho menos el final de éste).
Por ello tuvimos que replantearnos en el mismo momento que intravención realizar.

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Debíamos analizar de nuevo la sección y determinar cómo queríamos y cómo debíamos actuar en la sección.
A través de pruebas en el lugar de como podíamos anclar la red, nos dimos cuenta que la propia morfología de la sección y la vegetación existente nos podían ayudar. Por ello tratamos de recuperar ciertas inspiraciones de la semana anterior. Por ejemplo: era cierto que el señor que nos habíamos encontrado con la hamaca, habitaba la cueva mejor que nosotros, así que ¿por qué no imitar, o dejarnos influir por su modo de habitar la cueva?. Otro ejemplo: ¿por qué no rescatar ideas de la semana anterior y aumentarlas de escala?
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Pues bien, optamos por recrear esa hamaca pero con nuestros propios materiales y potenciando nuestras investigaciones. A través de un anclaje a la vegetación existente en la roca superior de la cueva, sujetamos la red que envolverá toda la sección hasta un anclaje en la cara inferior de la roca (en lo que sería el techo de la cueva), dejando una holgura que permita a una persona echarse sin que toque el suelo. En esa holgura, cerraremos la hamaca creando una burbuja con la red en la que introducirse y poder echarse sobre unos cojines de algas a la vez que un núcleo de conos te amplifican el sonido del mar.

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Finalmente, podríamos interpretar el objeto resultante como una cuna, ya que es el ambiente al que se acaba semejando: el usuario es un niño que se echa en esa pequeña cápsula cómodamente e interactúa con juguetes que crean y amplifican sonidos.


¿Y qué nos ofrece esta poética que creamos con nuestra intravención?
Por un lado, la forma de habitar la cueva, además de investigar las formas existentes de aprovechamiento de esos espacios, al trabajar con la parte superior de la sección, nos aporta nuevas formas de entender las formas resultantes de la erosión del mar a la vez que nos obliga a interpretarlas para su utilización.
Por otro lado, pese a que a primera vista puede quedar anecdótico, la investigación de los conos no se ha quedado en la forma, si no que se ha desarrollado los materiales y la unión (permitiendo crear armonías y por lo tanto, nuevas melodías).
Y por último, con las algas se exploran formas de convertirlas en objetos cotidianos que modifiquen la concepción de éstas y supongan una nueva forma de interactuar con ellas.
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En definitiva, es cierto que la materialización de las ideas es difícil y surgen muchos problemas por el camino, sin embargo, es valioso rescatar alguna enseñanza de todas estas experimentaciones y, en este caso, con mayor o menor relevancia, las ha habido.

Intravención. Antidisfrute, habitando el sonido.

Para la intravención que debíamos realizar, Marta, Adrián y yo nos enfrentamos al reto de juntar tanto materiales como intereses en la costa. Por un lado, los materiales: algas y alambre, yeso y terracota. Y por otro, los intereses: el uso de esas algas, los sonidos de la costa y la pretensión de habitar las secciones resultantes de la erosión que producía el mar en las rocas.

Pues bien, con estos puntos como premisas, las primeras aproximaciones trataban de ser demasiado literales, lo que no producía ninguna idea que nos interesa reproducir. Por lo tanto, teníamos que mirar más allá, que nos interesaba seguir estudiando. Llegamos a la conclusión de que nuestros principales objetivos, tenían que ver más con los intereses que mencionábamos que con los propios materiales. Aún asi, no queríamos dejar de lado todos los materiales con los que habíamos trabajado y el primer objeto que desarrollamos fue un cono a gran escala que nos permitiera captar los sonidos del mar. Para investigar en la pretensión de habitar esas secciones, nos planteamos el unificar cono y sección para fomentar esa intención. Y finalmente, para desarrollar la idea del uso de las algas, pensamos en experimentar juntando el yeso con las algas para configurar el cono, con el fin de que las algas le dieran otra textura y otra moldeabilidad.

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Sin embargo, el resultado no fue el deseado. Los medios de los que disponíamos no nos ayudaron a conseguir la forma adecuada para que el yeso se solidificara bien y finalmente, el cono se rompió, quedando así esta primera idea, descartada.

Pese a que no consiguiéramos la forma, algo positivo sacamos del experimento: la mezcla de las algas con el yeso. A través de la práctica comprendimos como podíamos trabajar esa fusión y resultados como las texturas que conseguimos, fueron interesantes.

Así pues, desarrollamos otra idea, también relacionándola ya un poco con la historia del lugar.
Fue curioso que en nuestra pequeña excursión en busca de esa sección con la que queríamos trabajar, encontramos realmente una parte que ya estaba “habitada”.

Nos encontramos con un matrimonio que se había apropiado efímeramente de ese espacio. Esto, además de inspiración, nos dio ayuda ya que interactuamos con ellos e incluso nos ayudaron con la construcción.
A raíz de esto, con una mirada al mar, a parte de los grandes bancos de posidonia que se habían depositado en las rocas y que pensábamos utilizar, vimos unos barcos a lo lejos que nos dieron otra historia a tener en cuenta: la pesca.

Así, con este imaginario que incluía algas, conos como forma de explorar el sonido, el habitar esas cuevas que creaba el mar, la anécdota de los propios usuarios y las herramientas de la pesca, desarrollamos un objeto a través de una red semejante a la que usan los pescadores (solo que con huecos más pequeños para permitir el almacenamiento de la posidonia) con la que formaríamos un saco contenedor de unos conos (de distintas proporciones para variar los sonidos) y rellenado con algas.

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El por qué de esa forma viene inspirado en las bolas de algas que se forman en las playas a partir de la raíz de posidonia para así, crear un símil entre todas esas algas que se consideran asquerosas y convertirlas en algo más disfrutable (entendiendo lo disfrutable como aquello que nos es placentero).
Porque ese era el fin. Mi investigación sigue el camino de convertir lo que se consideraría el antidisfrute en algo que guste, que te emocione el interactuar con algo que sabes que te da asco.

Además, el presentar tan contundentemente las algas, se conseguía un impacto visual estupendo que te generaba la curiosidad de acercarte e interactuar con el objeto.
Todo empieza por la curiosidad…

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Finalmente, nos pareció interesante ver el objeto en otro espacio para el que no estaba diseñado. Por ello, la intravención no sólo ocurrió en esa sección de costa que elegimos, si no que nos desplazamos a otro lugar: la universidad.

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Pese a que era la facultad de arquitectura y ya han visto de todo, la curiosidad que despertábamos en la costa, venía acompañada de una extrañeza que representaba lo poco que encajaba allí el objeto. Los efectos que creaba tanto en el espacio como en el público era diferentes a los creados en la costa. Y esos efectos son los que debemos tener en cuenta y los que nos servirán para mejorar el diseño ya que nos ofrecían resultados también valiosos e interesantes.

Mapeado. A la caza de la posidonia

Una vez realizada la sesión del pasado viernes, me quedaba claro que tenía que encontrarle a mi trasductor un verdadero motivo de “existencia”.

En la primera aproximación, había utilizado mi trasductor como un instrumento que me permitía saber dónde estaban las algas. Sin embargo, la verdad es que eso era algo que podías ver a simple vista e incluso sentirlo a través del tacto.

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Por eso, tratando de buscar qué quería medir, llegué a la conclusión de que lo que más me interesaba era saber cuántas algas había, pero sobre todo, dónde poder capturar más y cómo.

Así, mi trasductor evolucionó de la siguiente manera: mantuve su configuración para realizar el estudio del dónde y, para saber el cómo, el trasductor fue adoptando nuevas formas que me explicaban el comportamiento de las algas.

Por lo tanto, expliquemos ambos casos:

Por un lado, el dónde. A través de estos esquemas se puede entender la metodología:

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Para geolocalizarme me ayude de las cuerdas con las que controlaba el trasductor y, midiendolas y tomando un punto base, podía extrapolar el resto de posiciones que iba consiguiendo. Los puntos de partida y de final los elegía conforme a la línea de la orilla, tratando de mantener recorridos paralelos a ella que me permitieran ir analizando las distintas zonas de concentración de algas (esas que a simple vista, ya puedes percibir).

El resultado fue el siguiente:

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Previamente, cabía pensar en que en cualquier lugar del banco de algas se podría conseguir una buena “pesca”, sin embargo, no es así, hay que matizar. Como comprobé con el estudio, las zonas más cercanas a la orilla, dificultaban el trabajo ya que son las zonas donde las olas rompen y por lo tanto más remueven las algas. Si por ejemplo conseguía recoger una buena cantidad de algas, en el momento en el que venía la ola y rompía, la mitad de las algas se soltaban. En cambio, en el otro lado del banco de algas, la situación con las olas no era un problema ya que estas, al no romper, no removían tanto el agua y por lo tanto, no peligraba tanto que se soltaran las algas del trasductor. Alejados del banco de algas los resultados se vieron reducidos considerablemente, pese a que el factor de las olas seguía sin ser un problema, lo era la baja concentración de algas (como puede parecer obvio).

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Y por otro lado, el cómo. En esos dibujos se pueden ver los modelos que generé para esta comprobación (y una descripción de materiales):

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Como se puede observar, los resultados no fueron tan dispares (a excepción del M2, que era el más sencillo). La conclusión que se puede sacar de este estudio se basa en apreciar el valor de las concavidades y sobre todo de la tipología que mejor funciona: espirales horizontales, las espirales horizontales permiten que las algas se almacenen mejor en la cesta. Ahora bien, los refuerzos verticales aplicados con el M3 no dieron malos resultados y podrían no ser mala solución, aunque el mejor resultado lo haya obtenido con el M4.

 

Finalmente, con esta vuelta de rosca a mi trasductor, no pierdo esa parte importante que era la de interactuar con él y la del disfrute mientras que obtengo dos pares de datos: los referidos a la morfología del propio trasductor y los referidos a la propia zona de estudio.

Primera aproximación del trasductor

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Trasductor. A la caza de la posidonia

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Para desarrollar el trasductor, seguí investigando a través del alambre. Sin embargo, después del objeto de la semana anterior, debía afinar un poco más el tema de la flotabilidad y la estabilidad frente a las olas. Por ese motivo, decidí investigar también con los materiales del trasductor.
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Así, trabaje con el moldeado y entrelazado del alambre (más rígido que el anterior), con el fin de crear una cesta en las que las algas pudieran engancharse y almacenarse. Para aguantar esas “cestas”, me hacía falta una superficie flotante que permitiera que el alambre no se hundiera y enterrara en la arena. Creé una balsa a partir de cuñas de madera que aguantaban estas estructuras, sin embargo, para reforzarlas y asegurar la flotabilidad, ensamble dos vasos pequeños de plástico que me creaban unas bolsas de aire que ayudarían en gran medida. Por último, lo único que añadí fue un mástil en el que sujeté un mechón de pelo (de peluca) con el fin de que sirviera de testigo e indicara la dirección y fuerza del viento para incluirlo en los resultados obtenidos.


Planteé dos tipos de métodos de captación de algas: uno estático y otro dinámico. El estático te permite la geolocalización de los puntos de estudio y cabe pensar que permite un mejor mapeado de la zona, sin embargo, el tiempo de exposición para poder ser coherente con los fenómenos de la costa y los movimientos de las algas, es mayor que en el dinámico. Éste último te permite crear rutas de recogida cuyos resultados se asemejan más a lo que estás viviendo (mayores densidades que otras dependiendo de la zona etc.) y sobre todo, este método dinámico, permite más el disfrute ya que el trasductor funciona como medio de interacción entre tú y las algas, cosa que no pasa en el método estático ya que tu interacción solo se encuentra en el momento en el que depositas el trasductor y cuando lo recoges.
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Los resultados obtenidos fueron de los más variados. Por un lado, con el método estático, las mareas alteraban más la cantidad de algas que se enganchaban y por lo tanto funcionaba más como la sedimentación de las algas en la costa: a mayor tiempo más algas (no fue lo mismo dejarlo diez minutos, que una hora). Y por otro, por el método dinámico, los resultados fueron más esperanzadores también en parte porque fue con los que más interactuamos. Dependiendo de la distancia desde la orilla a mar adentro, había mayor cantidad de algas o no (concentrándose estas principalmente en una banda a pocos metros de la orilla) y las cestas que diseñé captaban más algas.
En definitiva, con el tarsductor me permito observar la cantidad de algas en la sección elegida y medir los tiempos y condiciones de recogida, teniendo en cuenta así los intervalos de exposición, las velocidades, los movimientos, etc.